jueves, 19 de febrero de 2009

Desde la agricultura de la Baja Edad Media hacia el futuro

Durante la Baja Edad Media, en Europa, igual que en Asia y África, predominaba una economía de subsistencia, es decir, una economía sin futuro próximo a la comercialización y menos aún a la acumulación de beneficios obtenidos de ventas. Se trataba de una economía feudal, bajo la cual una minoría de señoríos controlaban de forma económica, política y judicial la sociedad; dejando la mayoría de la población incapaz de resistir sus derechos de individuos y propietarios de tierras.
Con la “modernización” de las técnicas agrícolas – parcialmente gracias al sistema trienal y bienal, la población europea consiguió aumentarse, pero su cantidad de producción empezaba a ser insuficiente para el mantenimiento de toda la población. Europa casi alcanzaba en algunas regiones su “catástrofe maltusiana” que Thomas Robert Malthus en su “Ensayo sobre el principio de la población” definió en el siglo XVIII. Una catástrofe maltusiana se produce cuando la producción agrícola no puede sostenerse a la población creciente, llevando a éste un freno compulsivo o preventivo.
Para evitar un no deseado “techo maltusiano”, la población europea, al no poder incrementar ni sus recursos financieros (factor capital), ni su capacidad de mano de obra (factor trabajo), vio una solución rentable a corto plazo que le aseguraba un alejamiento del “techo”: el incremento del superficie trabajado: el factor tierra.
El incremento del factor tierra se pudo conseguir en esta época mayoritariamente con un gran movimiento de deforestación de bosques (de gran importancia en Europa del norte con un clima húmedo) y el destrozo de fincas para el pasto.
Lo interesante de esta historia, para mí, es que mientras nuestros hermanos europeos lucharon para sobrevivir en la Baja Edad Media mediante un gran movimiento de deforestación, nosotros, todavía en el siglo XXI seguimos intentándolo en nuestro planeta, pero de otro tipo. Nuestra población creciente, y al mismo tiempo apagada por frenos preservativos (nueva idea de núcleo familiar con 2 a 4 hijos por familia en Europa occidental), y compulsivo (guerras y matanzas por raza especialmente en los países del tercer mundo) se enfrenta, o por lo menos cree que debe enfrentarse, a un “techo de naturaleza.” Una consecuencia directa de largo plazo del freno del “techo maltusiano” que nuestros padres consiguieron destrozando nuestro planeta.
El proceso de la humanidad, por lo menos desde los siglos estudiados, presentó un proceso de un dominio absoluto e intensivo sobre nuestro planeta con un agotamiento parcialmente completo de los recursos naturales que se dispone la humanidad: desde el agua al petróleo y el carbón.
Nuestra solución inmediata debe ser a corto plazo. Esto es claro, pero no debemos dejar de pensar en nuestros herederos. Debemos sobrevivir, pero no en cuenta de nuestro planeta.

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