sábado, 25 de abril de 2009

de una Priema Guerra Mundial, falta poco para una Segunda...

En 1913 a pesar que Gran Bretaña era la primera potencia comercial, Alemania era el segundo país por su producción industrial, que equivalía al 15.7% de toda la mundial. Para “proteger el trabajo en su propio país frente a ala competencia” y la crisis económica de 1870-80, el Estado Alemán como la mayoría de los países europeos, introdujo las tarifas proteccionistas para defender el trabajo nacional y protegerse de los productos baratos de América. Entre las grandes potencias, sólo Gran Bretaña mantuvo la política librecambista.

En la Alemania de Bismarck, entre los años 1870 y 1890, el “canciller de hierro” dirigió una política alemana con un gobierno férreo, extremadamente autoritaria, que tendió siempre a imponer la razón del Estado y colocar los intereses del Estado alemán. Bajo el mandato de Bismarck, Alemania empezó a implantar su nueva política extranjera: conquistar todos los pueblos germánicos, incluido, y en espacial, los territorios franceses (guerras franco-prusianas 1870).

En 1890 Otto von Bismarck fue sustituido, y, por primera vez, el emperador Guillermo I comenzó ejecutar su poder. Bajo el mandato de Guillermo I tuvo mucha importancia el ejército y su desarrollo. Guillermo I desarrolló una política de guerras agresiva, dirigida concretamente contra Gran Bretaña, su competidor.

Al pesar de una situación intensiva de rivalidad y división clara de Europa entre la Triple Alianza (Alemania Austria e Italia) y la Triple Entrente (Inglaterra, Francia y Rusia), la Primera Guerra Mundial no se estalló hasta el intentado de Sarajevo donde en el 28 de Junio 1914 el archiduque Francisco Fernando fue asesinado en Bosnia.

En el 28 de Junio 1914, el imperio de Austria manda un ultimátum a Serbia, un enfrentamiento aparentemente al nivel nacional, pero al entrometer los aliados de los dos bandos, la discusión llega a nivel internacional.

El desarrollo de la guerra llevó consigo una oleada de sentimiento de patriotismo en toda Europa, apoyado por los políticos (Unión Sagrada) que llevó a una movilización civil. La gran sorpresa fue que a pesar de tener pinta a una guerra rápida, Europa se enfrentaba a una guerra de posiciones que duró 4 largos años que reflejaron los avances de la industria: la mecanización de la guerra: carros de combate, gas aviación, submarinos alemanes… Los EE.UU. no se intervendrán en el combate Europeo, hasta que en 1915 un barco de pasajeros americanos se hunde por el ataque alemán.

Tras la crisis de 1917 (revolución bolchevique en Rusia, sentimiento de frustración en toda Europa, movimientos pacifistas, intervención directa de EE.UU…), en 1918 se decide el desenlace la guerra y se firma el abandono de las armas.

Se reúnen en Versalles 32 Estados liderados por los Estados Unidos, Inglaterra y Francia. En el Congreso de Versalles se deciden las consecuencias políticas del Estado Alemán: la imposición de un gobierno democrático, vigilado por las potencias ganadores de Europa.

La República de Weimar marcó una etapa breve, de unos 15 años, en la que Alemania de entreguerras trataba de imponer una democracia ficticia sobre su descontento población. Los objetivos esenciales de la república enfocaron en la lucha contra las consecuencias del Tratado de Versalles a través de una intensa acción diplomática: poniendo a Alemania en el marco de las relaciones internacionales y asentar la democracia política y económica, aunque la Gran Depresión de 1929 bloqueó esta política.

Bajo la República de Weimar fue creada una constitución alemana que los partidos fascistas rechazaron. Esta Constitución, aspirada en otras constituciones de orden democrático, recoge los principios clásicos de libertades individuales (expresión, reunión, etc.) y los derechos económicos y sociales (al trabajo, a la vida digna, etc.). La Constitución reflejaba la voluntad de construir un Estado social de economía democrática, precedente del Estado de bienestar. La Constitución fue apoyada por la “coalición de Weimar” (socialdemócratas, liberales y el centro católico) mientras que fue rechazada por la extrema derecha y la extrema izquierda.

La falta de conexión y entendimiento entre los partidos de la constitución y el resto de la población favoreció la llegada de nuevos ideologías políticas expresadas por “un partido antiparlamentario que rechaza la Constitución de Weimar y las instituciones republicanas por ellas creadas”, notablemente el partido nazi, influenciado por el pensamiento fascista: un movimiento antiliberal opuesto a la tradición política que reconoce la persona humana como sujeto político poseedor de derechos inalienables: libertad, propiedad e igualdad.

El Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) durante la década de los años veinte estuvo bajo el poder de Adolf Hitler. A partir de 1930 el NSDAP conseguirá una fuerte expansión entre la población rural y de pequeñas ciudades debida al creciente empobrecimiento de la clase media tradicional y la falta de consolidación de las instituciones políticas de la república de Weimar. Las regiones industriales y católicas como Berlín y Silesia no expresan su apoyo al partido nazi, pero aún así, en las elecciones democráticos de 1930 “la democracia era tan estúpida [y facilitó al partido fascista] dietas y pases de libre circulación”.

El 30 de Enero de 1933 el presidente Hindwburg nombró canciller al ganador de las elecciones alemanas por un sufragio universal: Adolf Hitler. En la llegada de Hitler a la cancillería se cambiarán los medios legales: las elecciones y cualquier derecho humanitario funcionaran bajo la presión militar, grandes concentraciones y acciones callejeras violentas. Desde este momento Hitler se hará gran amigo del dictador italiano Mussolini que “también […] fue al parlamento” y juntos harán cara a la Crisis de los 30, provocando una Segunda Guerra Mundial.

**Para este resumen utilize el artículo de “Der Angriff”, un periódico semanal publicado por J. Goebbels donde él mismo daba rienda suelta a sus artes propagandísticas a favor de los objetivos del NSDAP

domingo, 19 de abril de 2009

de un patron oro al euro, la historia se repite.


Con la revolución industrial en el pasado y frente a un aumento inimaginable de comercio internacional, las instituciones financieras se vieron intimadas a crear un nuevo modelo de monedas, las monedas fiduciarias – con un valor real mínimo, pero basadas en la buena fe. Estas nuevas monedas serían reguladas por el Banco Central por medio de billetes, cuentas corrientes o letras de cambio; abriendo las puertas al surgente negocio cambista y banquero, favoreciendo la circulación del dinero fiduciario.
El Patrón Oro fue el sistema monetario adoptado por el líder industrial de la era, Gran Bretaña. El sistema basaba en convertir el poder del oro o plata presentes en el país en un valor de moneda. El poder del oro presente en el país fue determinado por las reservas de minería dentro del país (incluido los territorios ocupados por los países industrializados en su imperialismo) y su vía competitiva en aumentar la balanza de comercio exterior. Al convertir Gran Bretaña al sistema de patrón oro (tras el descubrimiento de minas de oro en Brasil), todos sus países comerciantes deciden cambiar a su sistema también para bajar los costes de cambio y permitir un cambio fluente de sus monedas.
Las ventajas del patrón oro se revelaron en buenos tiempos en el mercado. Al tener una moneda en común entre los países, desapareció la incertidumbre de cambio que había entre los diferentes valores de monedas anteriores. Al bajar la incertidumbre entre los valores monetarios, aumentó el comercio internacional y al mismo tiempo aumento su estabilidad. El sistema permitió aumentar el comercio internacional bajando los costes de cambio.
Por el otro lado, en tiempos de recensión económica mundial, el Patrón Oro presentó una gran desventaja para sus países. Al tener una economía interdependiente, en tiempos de crisis, un país no puede imprimir más dinero dependiendo de su necesidad propia. Esta razón debilita el poder financiero de cada país.

En la actualidad la Unión Europea (UE), creada en el 1 de noviembre de 1993 por el Tratado de la Unión Europea, forma parte de veintisiete Estados europeos con un objetivo común de crear unas relaciones políticas entre sus miembros que sobrepasan las fronteras propias de cada país. Con la idea de “abrir las fronteras” entre los países europeos tanto a nivel político como económico, en el 1 de enero de 1999 la naciones de la UE crearon una moneda oficial para sus países: El Euro, no llevado a la práctica realmente hasta el 1 de enero de 2002 cuando sustituyó las antiguas monedas nacionales de los países que ahora lo usan.
El Euro se parece al patrón euro en que crea un sistema monetario estable entre todos los países que lo utilizan, aumentando el comercio entre ellos y la estabilidad, pero aun más importante, el euro comparte con el Patrón Oro las similitudes en las desventajas en tiempo de crisis. Hoy en día nos enfrentamos a un crisis internacional que afecta a todos los países que mantienen un sistema de comercio interrelacionado.
Otra vez, igual que en los tiempos del patrón oro, las comunidades que forman parte en el sistema de euro, sufren por no poder imprimir de más dinero que lo que necesitan. Mientras que el Banco Central Europeo (BCE) se aguanta para no imprimir más dinero, y así evitar una futura inflación, los Estados Unidos, Inglaterra y Japón (no conectados a ningún sistema financiero fuera de sus fronteras) están recurriendo a las impresoras de moneda para evitar que sus economías caigan aún más bajo de lo presente.
La UE, tendrá que encontrar otra solución al crisis actual, diferente que el resto de potencias económicas mundiales. Al igual que el mismo Patrón de Oro, el Euro está puesto a juego en la crisis. Si consigue sobrevivir con su poder económico al crisis, ya poco podrá frenarle. Interesantemente, Inglaterra, al pesar de formar parte de la Unión Europea casi en todos los aspectos, esta vez renuncio abrir sus fronteras económicas, mientras que los otros si las abrieron, algo que por ahora protege a su alto poder de la libra inglesa.


se puede leer mas de la situacion actual con el impreso de dinero en europa en: http://espanol.news.yahoo.com/s/25032009/92/n-world-1112173-ahora-europa-resiste-tentacion.html

martes, 14 de abril de 2009



El mercado de trabajo es el lugar “donde se encuentra uno de los tres factores de producción, el trabajo. La oferta la constituye los trabajadores en busca de empleo y la demanda los empresarios que buscan mano de obra”. El mercado laboral ha sufrido cambios importantes en los últimos siglos tanto en aspectos sociológicos como económicos y tecnológicos, especialmente desde la iniciación de la primera revolución industrial (final del siglo XVIII y principios del siglo XIX) que condujo a todos sus participantes (en especial los países desarrollados de Europa) a la desaparición de algunos empleos y la aparición de otros nuevos.
Al ser Gran Bretaña el líder iniciador de la Revolución Industrial, nos enfocaremos en ella como eje central, para comparar el mercado de trabajo, antes y después de la revolución industrial, y los movimientos sociales que lucharon por sus derechos laborales.

Entre la segunda mitad del siglo XVIII y XIX transcurrió en Inglaterra una Revolución Industrial que conllevó a un conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales. Con la Revolución Industrial, el trabajo manual fue reemplazado por la industria y la manufactura , se hicieron importantes progresos en la producción agrícola, en la extensión de la red comercial y en el desarrollo del sector financiero. Para Inglaterra la revolución industrial significó un momento de crecimiento económico y aumento de productividad, combinado con un fuerte crecimiento demográfico que resultaría en mano de obra barata. Junto a la revolución agrícola británica se hizo más eficiente la producción de alimentos con menor aporte del factor trabajo, alentando a la población que no podía encontrar trabajos agrícolas a buscar empleos relacionados con industria y, por lo tanto, crear movimientos migratorios desde el campo a las ciudades y a las nuevas fábricas. Tras la Revolución Industrial inglesa, el trabajo en el campo y las zonas rurales ya no presentaba la totalidad del mercado de trabajo. El éxodo rural a las nuevas ciudades inglesas representó un nuevo modelo de mercado laboral en el cual por primera vez se llevó a cabo una explotación del trabajo infantil y de mujeres a bajo coste en condiciones miserables e inseguras de las fábricas y zonas urbanas. En las ciudades los antiguos campesinos – nuevos obreros, tenían que hacer frente a una “carencia de habitaciones […] espacios reducidos sin las mínimas condiciones, comodidades y condiciones de higiene. A ello se sumaban largas jornadas de trabajo, que llegaban a más de 14 horas diarias, en las que participaban hombres, mujeres y niños, con salarios de miseria, y que carecían de toda protección legal frente a la arbitrariedad de los dueños de las fábricas o centros de producción.” Con un nuevo orden económico- urbano- industrial se generaron pronto formas de segregación sexual en las actividades laborales que se concretó, parcialmente, en la adscripción exclusivamente femenina a las tareas reproductivas, dejando las actividades productivas al hombre, y al “precio de la fuerza de trabajo, más barato el de las mujeres que el de los varones[…] las mujeres quedan reducidas a la categoría de esposas dependientes de sus maridos trabajadores: se las considera menos productivas y mano de obra barata”
En su ensayo “La situación de la clase obrera en Inglaterra” en 1845 el gran pensador Friedrich Engels, hijo de un fabricante alemán, describió su visión de la realidad de la vida de la población trabajadora, denunciándola en su libro, en el que abundan los detalles sobre las malas condiciones de trabajo, la adulteración de alimentos y las deficiencias de la vivienda obrera. La visión de Engels se popularizo rápidamente y junto con discursos de reformadores sociales, médicos y legisladores, se pudo naturalizar las relaciones entre los sexos, sancionando el orden social, al que dieron forma y sentido. Como apoyo a sus discursos, muchos médicos, educadores y legisladores defendieron un ideal de “mujer ama de casa, madre y educadora de sus hijos” , una visión ideal durante momentos de expansión industrial, en el cual las tasas de natalidad y mortalidad infantil disminuyeron radicalmente.
A finales del siglo XIX las condiciones de trabajo en la industria comenzaron a ser reguladas por las empresas y los estados atendiendo las reivindicaciones de los sindicatos de clase. Al ser un sector minoritario dentro de la actividad industrial, pero al mismo tiempo el sector más vulnerable del grupo, las primeras regulaciones de las condiciones de trabajo afectaron a las mujeres y niños e incluían una reducción de la jornada de trabajo, asistencia médica, el subsidio por embarazo, etc. (estas regulaciones sólo tuvieron efecto para las mujeres urbanas, no rurales).
Al final del siglo XIX, la agricultura y el servicio doméstico reunían la mayor parte de la población activa femenina en los campos, -“en Inglaterra el 40% de las mujeres empleadas trabajaban en el servicio doméstico y el 20% en la industria textil” - mientras que en la ciudad, la mujer seguía trabajando en los sectores tradicionales de los mercados, las tiendas, vendiendo por la calle, etc. El mercado de trabajo, justo después de las reformas de protección del trabajo femenino, favorecía por lo tanto un trabajo mayoritariamente masculino o femenino a salario bajo. Las regulaciones del trabajo femenino hoy en día todavía sirven para elevar la segregación en función del sexo y justificar las diferencias de remuneración y de status, siempre inferiores para la mujer.

La transición del mercado laboral femenino en Inglaterra, tras la aparición de nuevos sistemas de trabajo y núcleos familiares, como consecuencia de la revolución industrial, presenta una transición del mercado de trabajo a nivel mundial. El cambio del mercado laboral en los siglos XIX y XX no solo que afectan nuestra economía y política, sino que también los fundamentos de la sociedad en la que vivimos. La mujer pasó de un soporte en la case y trabajadora esencialmente domestica, a trabajadora en las fábricas y centros urbanos, y de ahí, hoy en día una empelada “equivalente” a un empleado masculino – eso si, manteniendo en vigor las diferencias salariales entre los sexos.

lunes, 13 de abril de 2009

El Ascenso de los Totalitarismos

El final de la Primera Guerra Mundial marcado por el Congreso de Versalles, el 28 de Junio de 1919, llevó al triunfo de la democracia forzada o elegida. Los nuevos estados surgidos de la fragmentación de los imperios derrotados eran formalmente democráticos, pero en realidad “veían el actual sistema de mayoría de votos la causa principal de su creciente ruina”. La diferencia entre los países vencedores y perdedores de la Primera Guerra Mundial se vieron cada vez más notables en el sistema parlamentario. Las democracias más estables correspondieron a países vencedores o neutrales (Inglaterra y los EE.UU.), mientras que los sistemas políticos más frágiles fueron los de los países derrotados (Alemania, Austria,…).
La Alemania de Weimar es un ejemplo a una democracia forzada por los países vencedores. La Alemania de Weimar marcó una etapa breve, de unos 15 años, en la que Alemania de entreguerras trataba de imponer una democracia ficticia sobre su descontento población. Los objetivos esenciales de la república enfocaron en la lucha contra las consecuencias del Tratado de Versalles a través de una intensa acción diplomática: poniendo a Alemania en el marco de las relaciones internacionales y asentar la democracia política y económica, aunque la Gran Depresión de 1929 bloqueó esta política.
Bajo la República de Weimar fue creada una constitución alemana que los partidos fascistas “rechazaron”. Esta Constitución, aspirada en otras constituciones de orden democrático, recoge los principios clásicos de libertades individuales (expresión, reunión, etc.) y los derechos económicos y sociales (al trabajo, a la vida digna, etc.). La Constitución reflejaba la voluntad de construir un Estado social de economía democrática, precedente del Estado de bienestar. La Constitución fue apoyada por la “coalición de Weimar” (socialdemócratas, liberales y el centro católico) mientras que fue rechazada por la extrema derecha y la extrema izquierda.
La falta de conexión y entendimiento entre los partidos a favor de la constitución y el resto de la población favoreció la llegada de nuevos ideologías políticas expresadas por “un partido antiparlamentario […] que rechaza la Constitución de Weimar y las instituciones republicanas por ellas creadas”, notablemente el partido nazi, influenciado por el pensamiento fascista: un movimiento antiliberal opuesto a la tradición política que reconoce la persona humana como sujeto político poseedor de derechos inalienables: libertad, propiedad e igualdad.
El Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) durante la década de los años veinte estuvo bajo el poder de Adolf Hitler. Las ideologías del partido fueron asentadas en el libro Mein Kampj (Mi Lucha) escrita por el propio líder: Hitler. Entre otras características, el partido fue destacado por su racismo defensor de la superioridad étnica de los arios, su crítica del parlamentarismo y de las instituciones democráticas. Para el NSDAP la función del Reichstag es “procurar armas en el mismo arsenal de la democracia”.
A partir de 1930 el NSDAP conseguirá una fuerte expansión entre la población rural y de pequeñas ciudades debida al creciente empobrecimiento de la clase media tradicional y la falta de consolidación de las instituciones políticas de la república de Weimar. Las regiones industriales y católicas como Berlín y Silesia no expresan su apoyo al partido nazi, pero aún así, en las elecciones democráticos de 1930 “la democracia era tan estúpida [que facilitó al partido fascista] dietas y pases de libre circulación”.
El 30 de Enero de 1933 el presidente Hindwburg nombró canciller al ganador de las elecciones alemanas por un sufragio universal: Adolf Hitler. En la llegada de Hitler a la cancillería se cambiarán los medios legales: las elecciones y cualquier derecho humanitario funcionaran bajo la presión militar, grandes concentraciones y acciones callejeras violentas. Desde este momento Hitler se hará gran amigo del dictador italiano Mussolini que “también […] fue al parlamento” y junto tratarán de crear una Europa de poder nazi de ideologías fascistas y anti-democráticas, luego resultadas en una Segunda Guerra Mundial.

viernes, 10 de abril de 2009

Crecimiento Económico Moderno

La característica más destacada de la evolución económica del mundo en los últimos dos siglos ha sido el crecimiento económico sostenido, de grandes magnitudes y duración. Un crecimiento económico extensivo e intensivo que ha implicado cambios estructurales. Este crecimiento está directamente vinculado a la industrialización, y por lo tanto afecto de manera diferente y desigual diferentes lugares sobre nuestro planeta. La desigualdad entre países y continentes diferentes solo fue adementada con la mejora en la industrialización y el crecimiento económico de unos cuantos países – en general predominan los países europeos y norteamericanos.
El crecimiento económico fue duramente interrumpido por la crisis de los años 20 lo que conllevó a una primera guerra mundial (1914-1918).
El crecimiento económico moderno abrió la puerta a diferentes pensadores economistas en diferentes momentos de la historia, con diferente protagonismo y diferentes ideales. Entre los pensadores destaca la escuela clásica (siglos XVIII- XIX) y el pensamiento de la economía neoinstitucional y evolucionista (finales del siglo XIX).
La escuela clásica, famosa y destacada por su pensador más contribuidor al capitalismo, Adam Smith, es conocida por su optimismo respecto las posibilidades del crecimiento sostenido. Con su trabajo de la “investigación sobre la natualeza y las causas de la riqueza de las naciones” Adam Smith en 1776 destaca sus bases de una economía con éxito: acción invisible del mercado (la mano invisible), búsqueda individual del máximo beneficio, división del trabajo, y la no intervención del estado en el mercado. Adam Smith contribuyó a las bases del taylorismo. –En la escuela con Adam Smith también estudiaron y desarrollaron sus ideas los “pesimistas” Ricardo y Malthus, pero vamos a enfocarnos en Adam Smith por ahora.
A los finales del siglo XIX, unos años después de Adam Smith, una nueva teoría fue introducida en contra del “no intervencionismo” de Smith: la economía Neoinstitucional y Evolucionista. Esta economía defendía que “no es el mercado que hace funcionar la economía, sino las instituciones”. Los pensadores de esta economía fueron de diferentes estatus, diferentes culturas, y diferentes orígenes. Entre sus defensores, Joseph Schumpeter nació en la República Checa, y vio con sus ojos el poder de un estado Nazi.
Hoy en día, mucho después de la época de gran crecimiento antes del crisis de los años 20, y después de dos guerras mundiales, y hundimientos y crecimientos de nuevos países, estamos en una nueva crisis; los economistas de hoy entre ellos discuten en realidad como salir de la crisis, eligiendo el camino de Adam Smith y no interviniendo, o en cambio eligiendo los pensamientos mercantilistas de un proteccionismo arancelario para defender el poder adquisitivo del país. La economía neoinstitucional comparta con los mercantilistas la idea de una intervención directa del estado, pero en otra corriente. Serán los diferentes escalas del Estado quien regularán el mercado y al mismo tiempo la economía. Aunque muchos modernos siguen pensando que las ideas de Adam Smith deben ser implantadas, ya que sin la intervención del Estado en el Mercado el proteccionismo desaparecerá y solo las empresas realmente competitivas podrán hacerse cargo del mercado, no deben olvidarse del gran papel que juega en Estado en nuestras vidas. Sin una intervención directa del Estado en el mercado, con aranceles sobre las importaciones, primeramente, muchas empresas nacionales llegarán a la ruina, ya que con unos precios mejores del exterior, también se acompaña un alto nivel de paro en el país importador. Además, con el dinero ganado de los aranceles, lo que normalmente y generalmente deben hacer los Estados es invertir su este mismo dinero en obras públicas: infraestructura, educación, sistema tributario, monetario, igualdad civil… (A. Gerschenkron).
Por el otro lado, una vía de proteccionismo firme no llevará nuestra economía actual a ningún objetivo, ya que estamos en una economía interrelacionada, de intercambio continuo, en la que una economía nacional no puede hacer frente a su demanda nacional sin el apoyo del resto de las naciones. Ej. Los Estados Unidos están debatiendo si acaso deben crear un sistema de proteccionismo frente a las industrias de acero exteriores o no. En su defensa, la industria nacional americana defiende que el coste barato de acero desde china esta elevando el nivel de paro en las industrias nacionales. La industria exportadora (China, Brasil e India) en su defensa, reclaman que un sistema de proteccionismo solo perjudicará el resto de la economía, ya que ellos se verán obligados a bajar sus precios y buscar un nuevo mercado, probablemente el Europeo. El debate sigue en cuestión estos días.